
A casi 1.200 metros sobre el nivel del mar, al pie del cerro San Bernardo,
está la ciudad de Salta, capital de la provincia del mismo nombre
y la segunda ciudad más importante de la región después
de San Miguel de Tucumán. Es una ciudad pintoresca, con múltiples
riquezas, y su gente es muy servicial. Es una ciudad aristocrática.
Fundada en 1582, sus habitantes son gente orgullosa, que se sabe heredera
de un linaje de importancia. Salta es el corazón de una provincia
con una diversidad natural poco frecuente. Por su disposición,
se extiende de este a oeste y es atravesada por distintos ecosistemas,
desde la Puna hasta la selva, que la convierten en una fuente de actividades
turísticas muy variadas. Otro atractivo de la región son
los vestigios de los tiempos coloniales -particularmente prolíficos
en iglesias y capillas- y de los prehispánicos -por la presencia
indígena en la región a lo largo de miles de años-.
A pesar de su importancia turística, aún hoy conserva
la tranquilidad de antaño. Como en todo el interior del país,
se vive sin apuro, sin horarios. La siesta es una costumbre que no sólo
sigue vigente sino que es rigurosamente respetada por todos. Al igual
que en tiempos de su fundación, la vida de los salteños
gira en torno de la Plaza 9 de Julio, aunque actualmente están
surgiendo otras alternativas más acordes con la época
en que vivimos: shoppings, countries, etc. Esta ciudad de casas bajas
y calles y veredas angostas, enmarcada por los cerros circundantes,
puede recorrerse a pie, gracias a que sus monumentos históricos
están muy próximos entre sí. Esto representa una
ventaja para el turista, que puede dedicar un día para este recorrido
y destinar el resto del tiempo a conocer los alrededores.