
La ciudad está ubicada en una planicie desértica que domina
caso toda la provincia. A fuerza de administrar el agua y operar sobre
la naturaleza, Mendoza ha logrado fabricar un oasis de gran belleza
y fertilidad en medio de un ambiente árido. Los mendocinos tienen
una enorme conciencia del valor que el agua y los árboles tienen
en su vida. Aprovechando su cercanía con la cordillera, toman
el agua de deshielo y la conducen por medio de acequias hasta la ciudad.
Las veredas mendocinas se caracterizan por las canaletas, los árboles
que las flanquean y el lustre de las baldosas que siempre parecen recién
enceradas. Pero lo más admirable es que Mendoza es una ciudad
que renació de sus escombros. Aún antes de que comenzara
el crecimiento económico de la provincia, un terremoto destruyó
casi por completo la antigua ciudad, al punto tal que una vez rediseñada
y reconstruida, por muchos años se llamó Mendoza la nueva.
La principal actividad de la provincia es la vitivinicultura, es decir,
el cultivo de la vid para lograr un vino muy característico de
la región. Los vinos mendocinos gozan de gran prestigio internacional
y son exportados a todo el mundo. Recientemente una bodega mendocina
ganó el premio al mejor vino del mundo un una exposición
francesa. Mendoza es conocida como "la tierra del buen sol y del
buen vino", pero además es la tierra de la gente ordenada,
amable y con una gran responsabilidad para cuidar el lugar donde viven.