
Las Sierras Chicas abarcan poblaciones como Villa Allende, Mendiolaza,
Unquillo, Río Ceballos, Salsipuedes, El Manzano, Agua de Oro,
La Granja, Ascochinga y Candonga, entre otras. A muy pocos kilómetros
de la capital, estos destinos combinan sus propios atractivos naturales
e históricos, con una variada gama de actividades de recreación
y deportivas, entre las que se destaca el golf. En Villa Allende se
llevan a cabo torneos muy importantes a escala mundial y las canchas
de Ascochinga, anteriormente en manos de los militares, hoy son consideradas
una de las mejores del país. A unos pocos kilómetros se
encuentran las Tres Cascadas, cuyo acceso requiere unos metros de caminata
por una zona de abundante vegetación. En la reserva natural dique
La Quebrada, se pueden practicar deportes acuáticos; en Mendiolaza,
cabalgatas y equitación, y la caza de la paloma dorada. Agua
de Oro ofrece un encantador paisaje natural junto con maravillosas muestras
arqueológicas, monumentos históricos, grutas, artesanías
y hasta un criadero de iguanas. El restaurante de la Estancia de Agua
de Oro es una buena opción para aquellos que disfrutan de la
buena comida casera (es recomendable probar el dulce de membrillo que
prepara la dueña del restaurante). A unos pocos kilómetros
de Agua de Oro se encuentra La Granja. Este lugar se destaca por albergar
a una colonia alemana, cuyas tradiciones se reflejan en las casas de
té, que ofrecen strudel y otros alimentos y bebidas típicas
de este país europeo. Río Ceballos fue un lugar donde
las familias más adineradas concurrían para veranear.
Gracias a ello, hoy abundan espectaculares mansiones y casonas que permanecen
casi intactas y que vale la pena admirar. Además, cuenta con
un casino, un bingo y varias discotecas que hace que la noche en Río
Ceballos sea muy conocida por la zona. Candonga es otro sitio que no
hay que dejar de visitar. Su capilla, construida en 1730 con la impronta
jesuítica y la participación de artistas indígenas,
formaba parte de la antigua estancia de Santa Gertrudis. Este lugar
conserva intactos los testimonios de la historia aborigen y colonial.
La vieja estancia ha sido remodelada y es utilizada como salón
de té. Tiene un buen servicio, y mesas y sillas bajo la sombra
de las pérgolas para descansar disfrutando del aire puro. Unos
pocos kilómetros al norte de Ascochinga, se encuentra la estancia
Santa Catalina, dueña de una iglesia que data de la época
jesuítica, y donde aún se celebra la Santa Misa todos
los domingos. El visitante se sentirá transportado a esta época
colonial. Allí podrá adquirir recuerdos y saborear la
deliciosa pasta preparada por la familia heredera de la estancia.